1986: El universo

Tenía sólo 5 años, pero recuerdo perfectamente estar jugando en la plaza María Madre de Catarroja y levantar la vista para ver al cometa Halley (ese fenómeno del que todo el mundo hablaba). 

Y allí estaba.

No entendía muy bien qué era, pero el caso es que me generó una sensación muy especial. Acababa de darme cuenta de que el universo se extendía mucho más allá de mi pueblo.

Desde aquel momento mi curiosidad por el espacio fue en aumento.

Es como si aquella tarde el cometa Halley hubiera sembrado en mí una semilla de ilusión por todo lo relacionado con el universo.

Y esa semilla no ha parado de crecer desde entonces.

Años después de aquello, indagando más sobre cometas, descubrí que el Halley pasa cada 75 años cerca de la Tierra.

Es posible que nos volvamos a ver, pensé.

Mi nombre es Toni Gutiérrez y así es como empezó todo esto.

2002: La fotografía

Bastante tiempo después, durante el 4° curso de universidad, apareció la que se convertiría en mi gran pasión: la fotografía.

Y fue en una asignatura (quien lo iba a decir). Además, no tenía que ver con nada artístico: era de programación. Bueno, sobre programación para el procesado de imagen (eso sí).

Pues me moló tanto que desde ese momento tuve absolutamente claro a lo que me quería dedicar (y así fue).

Podría decirse que mi relación con la fotografía ha evolucionado al contrario de cómo suele ser:

  1. Me apasioné por el procesado de imagen.
  2. Fui adquiriendo conocimientos técnicos sobre óptica, cámaras y sistemas de iluminación.
  3. Me acabé enamorando de la parte artística de la fotografía.

2017: La idea

Después de unos años un tanto complicados, en los que aparqué por completo la fotografía, decidí enderezar el rumbo de mi vida y, entre otras cosas, comencé a dar a la fotografía el espacio que merecía.

Fue un año de cambios importantes.

Un punto de inflexión en mi vida.

Y entonces tuve clara una idea que llevaba mucho tiempo en mi interior:

¿Podría combinar mi pasión por el procesado de imagen con mi fascinación por el universo para crear una herramienta que ayudara a otros fotógrafos?

Y la respuesta fue:

No lo sé, pero quiero intentarlo.

Pues con esta idea en mente estuve 2 años saliendo a hacer las fotos más difíciles que se me ocurrían.

Quería llevar al límite los principales problemas que sufren los fotógrafos de paisaje nocturno y entre otras muchas locuras se me ocurrió:

  • Ir a hacer Vías Lácteas en lugares con una contaminación lumínica extrema (incluso dentro de una gran ciudad como Valencia).
  • Ir a hacer fotos de lluvias de estrellas con cielos que no estaban despejados y en los que casi ni se podía ver las estrellas.
  • Salir a hacer fotos de la Vía Láctea con luna llena o en el polígono industrial de mi pueblo (lleno de farolas).
  • Hacer exposiciones de muchísimas horas para explorar los límites del ruido térmico (me hice incluso una autofoto de 4 horas durmiendo).
  • Probar multitud de cosas que a priori no tenían sentido (como emplear un filtro ND de 10 pasos durante la noche).

Pues así me pasé más de 2 años.

Pero en cada una de esas ideas descabelladas siempre aprendía algo.

Quería entender a la perfección todos los problemas relacionados con la astrofotografía de paisaje y la mejor manera de hacerlo fue llevándolos al extremo.

2020: Nebulb

1 de agosto de 2020, escribo la primera línea de código del software Nebulb. La meta a alcanzar es realmente ambiciosa.

3 de noviembre de 2022 (en el momento de escribir esto), Nebulb ha superado con creces todos los objetivos planteados inicialmente (y muchos más que me he ido poniendo). Van 258.642 líneas de código.

Ahora miro atrás y me parece increíble el camino recorrido.

Pero no he andado solo. 

No, solo no hubiera podido llegar a escribir estas líneas.

Por eso quiero agradecer con todo mi corazón a Candela, Marc y Biel por haberme apoyado y soportado incondicionalmente durante todo este tiempo. Sé que en muchas ocasiones no ha sido precisamente fácil, pero vosotros siempre habéis estado ahí.

Os quiero.

2023…

Algo en mi interior me dice que volveré a ver al cometa Halley.

Sí, creo que nos volveremos a ver y cuando eso pase quiero hacerle un regalo.

Él ya me lo hizo a mí haciendo que levantara la vista y descubriera las maravillas que se esconden más allá de nuestra atmósfera.

Él me dio el mejor regalo del mundo: la ilusión.

Ahora me toca a mí.

Me siento en deuda.

Siento la necesidad de intentar transmitir esa misma ilusión que él me dió.

Me gustaría que cada vez hubiera más fotógrafos que salieran a capturar las maravillas del paisaje nocturno.

Que pudieran liberarse de los problemas y dificultades que siempre han rodeado a la astrofotografía.

Que salieran a disfrutar de la noche, olvidándose casi por completo de los aspectos técnicos.

Que volvieran a casa felices por las fotos conseguidas.

Y que al mostrarlas a sus seres queridos se les transmita un trocito de esa ilusión, admiración y respeto por el cielo nocturno.

De padres a hijos, de hijos a padres, entre parejas, entre amigos, entre desconocidos…

Este es mi pequeño regalo.

Toni

PD: Si a ti también te gustaría que esto ocurriera…